Inmortales


Pintura: bulutta-sallanan-kız - Aklınızı Keşfedin aklinizikesfedin.com

Había llegado el día, y la decisión de subir al columpio podría suponer un castigo, pero ahí estaba él, a la orilla del peñasco, llamándome, prometiéndome una experiencia única, solos él, yo y el viento.

Lo miré fijamente por varios minutos, nuestro encuentro no sería banal, lo presentí el día que lo conocí.

Solía ser muy solitario, entre varios columpios del lugar, él era el menos agraciado, con un lado más caído, las cadenas ensarradas, y al borde del precipicio, no era precisamente el más popular de los columpios.

Las madres nos apartaban de él como si fuera un monstruo esperando largarte de un escupitajo por la ladera abajo. Era como yo, teníamos mucho en común...siempre al borde, en el eje, prometiendo tanto cielo como tierra, y al mismo tiempo sólo ese estarse quieto, dejándose mecer por el viento... de cualquier manera no rogaría para que lo columpien, tenía orgullo, eso me gustaba del viejo Willy Rocket, nunca hubo un mejor nombre para un columpio como él.

Debía haber pasado ya un año desde que mi madre me llevaba a ese parque, todos los jueves luego del dentista. Ella se puso a tejer una larga bufanda todo ese año, cada jueves.

Lo primero que me decía mi madre cuando llegábamos al parque era: "No se te ocurra acercarte al "Columpio Kencha" (de mala suerte), por aquí nomás jugá y no se te ocurra sacarte la chompa" y bajo un calor de 40 grados solo me sentaba a mirar a Willy, primero desde lejos, ganando confianza, acercándome mientras mi madre tejía su interminable bufanda color amarillo patito.

No columpié en ninguno de los otros columpios ese año, eso no le hubiera gustado a Willy, de alguna manera él también sabía que me cambiaría la vida, que juntos descubriríamos el universo.

Mientras me acercaba de a poco, cada jueves, mi curiosidad crecía, quería saber qué había más allá de Willy, que era lo que él miraba y yo no podía ver.

Porqué estaba de espaldas al mundo mirando hacia el vacío, porque nadie lo quería, porqué le tenían tanto miedo.

Mi curiosidad era fuerte, pero sabía que para ver lo que había delante de Willy tenía que observar como él, mecerme al viento como él, como si fuera la sombra de las ramas del árbol que lo sostenía.

En verano estaba ya tan cerca de Willy que podía ver a través de los orificios de sus cadenas rojizas, las trenzas de Willy Rocket, que además de ser columpio era un viejo vikingo que colgaba como un murciélago, solo porque se le había ocurrido ser un columpio. Así era Willy, caprichoso, como yo.

Para ese entonces mi madre tenía la bufanda como turbante en la cabeza y seguía tejiendo interminablemente la bufanda amarilla de sus inquietudes.

En fin, aquel jueves inolvidable, único y perpetuo en mi débil memoria después de casi medio siglo, aquel jueves, conocí la inmortalidad.

Aún sabiendo que mi madre estaría distraída me sudaban las manos, pero había llegado el momento, Willy esperaba que confiara en él, que me mostraría la verdad de todas las cosas si yo lo ayudaba a volar, a estirar sus ensarradas trenzas y subir hasta las estrellas!

Entonces me senté con mucho cuidado, como si estuviera en los hombros de un abuelito viejito. De a poco y con mucho ritmo comenzamos a tomar vuelo.

Elevaba las piernas y las bajaba, las elevaba y las bajaba, en esa maniobra casi automática Willy me decía con una voz muy suavita..

-"Ves?, estás volando!...es como caminar, solo que en vez de impulsarte con una pierna a la vez lo haces con las dos...sabes porqué?-

Yo estaba absorta, nunca me había subido a un columpio y ahora estaba en el legendario, el mismísimo, el innombrable, el temido Willy Rocket!!

-Tienes que concentrarte, no estás aquí por nada, espero que lo sepas!- me dijo Willy con una voz un tanto impaciente...-Te preguntaba si sabes porqué te impulsas con las dos piernas para volar?

No pude responder al inicio, veía el árbol que nos sostenía gigante cuando bajaba y pequeño cuando subía, el bosque, la inmensidad, la promesa de Willy era cierta, podía ver el mundo desde arriba y cuando estaba abajo sentir su inmensidad sobre mi cabeza, pero nada permanecía así siempre, iba y volvía, volvía e iba, sin más...

-Porque volar requiere un compromiso mayor,- respondí

-Eso es cierto- me dijo Willy, - y qué es lo que buscas con ese compromiso a parte de volar y hacerme volar?

-La inmortalidad supongo,- respondí mientras nos mecíamos más fuerte

-Y cómo la descubriste-, preguntó

-Porque estamos viajando ahora mismo en ella, somos grandes y pequeños, grandes y pequeños, somos eso ves Willy? Inmortales.


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