Inmortales

Claudzilla Love


Había llegado el día, y la decisión de subir al columpio podría suponer un castigo, pero ahí estaba él, a la orilla del peñasco, llamándome, prometiéndome una experiencia única, solos él, yo y el viento.

Lo miré fijamente por varios minutos, nuestro encuentro no sería banal, lo presentí el día que lo conocí.

Solía ser muy solitario, entre varios columpios del lugar, él era el menos agraciado, con un lado más caído, las cadenas ensarradas, y al borde del precipicio, no era precisamente el más popular de los columpios.

Las madres nos apartaban de él como si fuera un monstruo esperando largarte de un escupitajo por la ladera abajo. Era como yo, teníamos mucho en común...siempre al borde, en el eje, prometiendo tanto cielo como tierra, y al mismo tiempo sólo ese estarse quieto, dejándose mecer por el viento... de cualquier manera no rogaría para que lo columpien, tenía orgullo, eso me gustaba del viejo Willy Rocket, nunca hubo un mejor nombre para un columpio como él.

Debía haber pasado ya un año desde que mi madre me llevaba a ese parque, todos los jueves luego del dentista. Ella se puso a tejer una larga bufanda todo ese año, cada jueves.

Lo primero que me decía mi madre cuando llegábamos al parque era: "No se te ocurra acercarte al "Columpio Kencha" (de mala suerte), por aquí nomás jugá y no se te ocurra sacarte la chompa" y bajo un calor de 40 grados solo me sentaba a mirar a Willy, primero desde lejos, ganando confianza, acercándome mientras mi madre tejía su interminable bufanda color amarillo patito.

No columpié en ninguno de los otros columpios ese año, eso no le hubiera gustado a Willy, de alguna manera él también sabía que me cambiaría la vida, que juntos descubriríamos el universo.

Mientras me acercaba de a poco, cada jueves, mi curiosidad crecía, quería saber qué había más allá de Willy, que era lo que él miraba y yo no podía ver.

Porqué estaba de espaldas al mundo mirando hacia el vacío, porque nadie lo quería, porqué le tenían tanto miedo.

Mi curiosidad era fuerte, pero sabía que para ver lo que había delante de Willy tenía que observar como él, mecerme al viento como él, como si fuera la sombra de las ramas del árbol que lo sostenía.

En verano estaba ya tan cerca de Willy que podía ver a través de los orificios de sus cadenas rojizas, las trenzas de Willy Rocket, que además de ser columpio era un viejo vikingo que colgaba como un murciélago, solo porque se le había ocurrido ser un columpio. Así era Willy, caprichoso, como yo.

0 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
  • Facebook
  • Twitter
  • YouTube
  • Instagram

Copyright © 2018 CineXpress, Derechos Reservados

CONTACTO

TELÉFONO 

SERVICIO AL CLIENTE